Mi primer semana en al trabajo en bici. ( parte I )

 

Comprar mi primer bici para usarla como medio de transporte es una de las mejores decisiones que he tomado. Y sin duda ha repercutido de forma positiva en más aspectos de los que imaginaba. 

Recuerdo que en ese entonces no tenía idea del ciclismo, ni conocía todos los estilos de bicis, en resumen lo único que sabía era que me quería ir en bici a la oficina. Fui a una tienda de ciclismo y me recomendaron una Trek híbrida, pesada por decir lo poco, la equipé con un rack para maleta, compré el chaleco más ñoño que tenían y el casco más llamativo que podía existir en México.

Una noche antes estaba lista; mi mochila con la ropa para cambiarme llegando a la oficina, un claxon-luz en mi manubrio y mi luz trasera. Mi ruta Del Valle-Polanco era corta y en plano. ¿Qué podía salir mal?.

Era hora de salir y ya estaba sobre mi bici con una expresión entre nervios y emoción, tan solo pasé la primer cuadra y ya me había topado con el tráfico de hora pico y una pequeña subida para cruzar Viaducto.

Me di cuenta que no cabía, al menos no como yo quisiera y ví a otros ciclistas pasar con una expresión de confianza, ratoneando y con pose de profesionales, así que decidí "seguirles el paso". Acto seguido "pum" mi primer espejazo con el manubrio. No sabía como reaccionar mientras el conductor me gritaba de groserías le pedí perdón y aproveché que ya estaba el siga para avanzar con el tráfico.

Para mi buena fortuna encontré una ciclovía, espacio infalible de seguridad para nosotros los ciclistas, al menos eso creía, pero a unos metros visualizé mi primer obstáculo, un peatón corriendo con audífonos, como aún no medía bien mis espacios le grité "súbete a la banqueta" esperando que el tipo se quitara. Después de un rato atrás de él a dos por hora, finalmente me volteó a ver feo y se orilló un poco a la banqueta. Aproveché para pasar y todavía le dí las gracias.

Más adelante me encontré al carrito de los tamales y toda su clientela parados en la ciclovía. Para este punto ya me empezaba a molestar, pero recordé que era mi primer día y quise cooperar. Así resultó todo mi trayecto en la ciclovía, una carrera con todo tipo de obstáculos, coladeras y muchos personajes que no eran ciclistas.

En Reforma y Polanco el flujo de automóviles se hizo más intenso y aceleré el paso para mantenerme a la par. Rodaba de lado derecho pegada a la banqueta, pero el continuo pasar de peatones, bicis y pasaje me obligaba a irme deteniendo. Pensé en meterme por carriles centrales, pero aún escuchaba la vocecita en mi cabeza que me decía que era una imprudencia.

Cuando por fin llegué a la oficina, traté de parecer calmada y triunfante, recibí algunos halagos por parte de mis compañeros y entré al baño a cambiarme dándome cuenta que estaba hecha "sopa" y las manos me temblaban un poco. Mientras me cambiaba noté que no traía mis zapatos y me quería dar un tiro, literal. Recibí una llamada de mi roomie para preguntarme como me había ido y lo único que pude decirle fue:  "No se, esta ciudad es una jungla".

Salí del baño con ropa formal y tennis, con una sensación agridulce pensando que tendría que regresar a casa en bici nuevamente.

Continuará...


Fer Sierra
Fer Sierra

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